¿Una psicología de la educación?
Los saberes elaborados por la psicología no pueden dejar de ser recuperados por los pedagogos para emplearlos en su propio quehacer. Pero la manera en la que son utilizados esos conocimientos no puede ser indiferente a los que producen ese saber.
Además, el sistema educativo requiere de psicólogos para promover cambios en las actitudes y los comportamientos de los maestros o para intervenir directamente en la detección de las dificultades de los estudiantes y su orientación; la investigación pedagógica integra dimensiones específicas a la
investigación psicológica, incluso si ella recluta psicólogos sobre todo con fines de control evaluativo.
La articulación, concreta y teórica a la vez, entre los aportes y los objetivos específicos de la psicología y de la educación o de la formación no se produce espontáneamente; de los diferentes modelos que acabamos de evocar ninguno parece totalmente satisfactorio.
Y sin duda no bastaría limitarse a un eclecticismo pragmático, dispuesto a justificar todo, y que llegara a constituir como “psicología de la educación” una serie yuxtapuesta de temas de investigación, listas de aplicaciones posibles de trabajos psicológicos en pedagogía y a tratar de modo contractual a los psicólogos según modalidades confusas, dando a veces los pedagogos la impresión de elegir su psicología.


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