Ambigüedades de la noción de “psicopedagogía”

Ambigüedades de la noción de “psicopedagogía”

El propósito de una psicología de la educación supone un campo de estudio definido y circunscrito de manera operatoria. Sin embargo, ese proyecto no deja de encontrar numerosas dificultades y resistencias, más o menos ocultas pero con frecuencia efectivas, y que muestran, en parte por cierto, que ese campo de estudio es muy disputado, ya que constituye una zona fronteriza e implica así operaciones de “precedencia” sobre un territorio, y por tanto, confrontaciones entre esos acercamientos a las finalidades antagonistas que son, por un lado, la intención educativa y la investigación y la intervención psicológica.



La apuesta por una definición esclarecedora podría permitir repensar la identidad y las funciones del psicólogo investigador en educación, a reserva de conformarse con esas denominaciones comunes, cómodas sin duda alguna, pero apresuradas, como son las de “psicopedagogía” o de “investigador en ciencias de la educación”.

El psicólogo de la educación pide prestado su objeto a la educación, y sus métodos y procedimientos a la psicología. También corre el riesgo de que los pedagogos lo consideren sospechoso de robo de objeto y de imperialismo “psicologizante”, mientras que los psicólogos no verán en él más que a un especialista en “psicología aplicada”.



 Eso no impide que, frente a un psicólogo que no se define de otro modo más que por su título, se desencadenen las expectativas más diversas (entre los profesores): hay quien espera la junta que va a resolver todo, quien espera una investigación sobre la personalidad inmadura de los alumnos, quien pide una bibliografía para poner al día sus competencias pedagógicas, etc.

La ambigüedad así manifiesta ¿no es la consecuencia lógica de un papel paradójicamente presentado como susceptible de conducir al conocimiento óptimo del ser humano? Sin embargo, la psicología de la educación apunta sobre todo al estudio de las conductas presentadas en el ámbito escolar, no es esa “disciplina fundamental que se dedica a la explicación de las conductas educativas en situaciones institucionales” (Gilly, 1980: 20), pero se interesa igualmente en transformar las actitudes “equivocadas”: en este sentido, se pregunta sobre los procesos de cambio “bajo sus diversas dimensiones: representaciones y valores colectivos, rol1 y representaciones de roles, relaciones profesionales y pedagógicas, orientación y formación...” (Maisonneuve, 1975: 469) ¿No se puede entonces englobar su tarea bajo esta formulación general: “el psicólogo de la educación es aquel que toma por objeto específico el estudio científico de los procesos interindividuales gracias a los cuales se operan cambios individuales”?

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